¿Niños
Mal Educados o Mal Aprendidos?
En algunas ocasiones los padres sienten una gran
frustración al ver que sus hijos actúan maleducadamente y prefieren pensar que
los pequeños no han aprendido acerca de los modales que ellos les transmitieron
en lugar de asumir las posibles fallas en la educación brindada.
Cada vez es más frecuente encontrarse con niños y jóvenes
a los que se los denomina maleducados o malcriados por llevar adelante
determinadas conductas asociadas a una autoridad ausente y a la falta de
respeto hacia el prójimo. Estos chicos suelen despertar sentimientos negativos
entre los adultos porque normalmente se rehúsan a relacionarse con las personas
en un marco de cordialidad y buenos modales. El síntoma de la mala educación,
por denominarlo de alguna manera, no es posible relacionarlo con una edad
específica, está presente tanto en niños como en adolescentes y es producto de
los cambios generacionales y de una negativa de los adultos de hoy a criar a
sus hijos con las modalidades con las que ellos fueron educados. Los padres son
los agentes más determinantes en esa tarea, pero no son los únicos. Todo el
sistema educativo y la sociedad en general poseen responsabilidad a la hora de
instruir a las generaciones futuras. Hoy por hoy los niños y jóvenes utilizan
un lenguaje precario y descortés, que va de la mano de un trato cuasi
despectivo hacia el resto de las personas, sin importar de quien se trate, sean
sus padres, docentes o gente fuera de su círculo social. Las figuras de la
autoridad y del respeto se extinguen cada vez más velozmente y parecen ir
dejando de tener peso dentro de la sociedad moderna. Se entiende que los padres
desean brindar la mejor educación para sus hijos. Sin embargo, no siempre lo
logran. Para reflexionar acerca de si los hijos son maleducados o mal aprendidos,
se debe hacer una mirada introspectiva y analizar cómo se está llevando la
crianza de los hijos. Esta mirada debe ser autocrítica y reconocer cuáles han
sido las fallas para poder subsanarlas o modificarlas ya que se sabe que nunca
es tarde para hacerlo. Pero lo más complicado de esta tarea es asumir, como
padres, una equivocación en la educación de los hijos. Este es el primer paso,
y el más difícil, en este proceso.
Los
niños más pequeños
Existen diferentes
acciones llevadas a cabo en el hogar que no ayudan a una buena formación
educativa de los hijos. Una de ellas es la sobreprotección. La sobreprotección
es el exceso de cuidado de los niños, tratando de evitar cualquier problema y
dificultad que puedan experimentar, limitando, de este modo, su proceso natural
de crecimiento. Los niños sobreprotegidos son dependientes de sus padres para
realizar cualquier actividad y se sienten inseguros a la hora de tomar
decisiones. Las consecuencias directas que una actitud sobre protectora tiene
en los niños son la falta de autonomía para realizar sus juegos o sus tareas y
dificultades de adaptación, ya que suelen ser chicos manipuladores y
caprichosos, con un nivel de inmadurez y dependencia que los afecta
negativamente en distintos ámbitos y que suele traer aparejado problemas de
aprendizaje, dificultades en la socialización y en la conducta. Los chicos
sobreprotegidos tienden a responder a través de caprichos o berrinches debido a
que no saben cuáles son los límites y las reglas de comportamiento en general,
no respetan la palabra ni la figura de sus padres y se vuelven intolerantes a
pensamientos o decisiones contrarias a las propias. La otra cara de la
sobreprotección es el exceso de libertad, lo cual tampoco es apropiado para una
educación sana. Ser totalmente permisivos es negativo para los niños ya que no
sabrán representar la figura de autoridad y el respeto. Paralelamente les
costará la convivencia con las demás personas. La libertad plena sin límites
tiene consecuencias importantes en la adolescencia. Por último, tampoco es
aconsejable ofrecerles bienes materiales en suplencia del amor, tiempo o
atención. Actualmente es normal que ambos padres trabajen y los niños se críen
con otras personas (familiares, amigos o niñeras). Esto conlleva muchas veces
un sentimiento de culpa que los padres intentan compensar con bienes
materiales. Esta actitud también va acompañada de pocos límites, ya que los
padres suelen pensar que por pasar poco tiempo con ellos no pueden
desperdiciarlo retándolos continuamente. Esta situación lleva a que los niños
adquieran malos hábitos y conceptos y adopten una actitud manipuladora y
caprichosa respecto de las cosas materiales y la compra de juguetes, figuritas,
etc. Estos niños, que adquieren un sinfín de objetos materiales, se sienten
frustrados cuando se les niega algún objeto que desean, reaccionando
negativamente con una actitud que suele identificarse como maleducada.
Los jóvenes
La rebeldía típica
del período de la pubertad suele confundirse con la mala educación. Sin
embargo, son dos cosas que deben diferenciarse. El adolescente puede presentar
cierta rebeldía en el cuidado de la imagen corporal, en la vestimenta que use,
los peinados que se haga o los gustos que tenga, pero no necesariamente debe
comportarse indisciplinadamente o no respetar a los demás y las reglas de
convivencia de cada hogar. Por ejemplo, en la casa, los padres pueden
permitirles a los jóvenes vestir con el estilo que tengan. Sin embargo, si en
el colegio el atuendo no está autorizado se debe respetar esa norma; si no lo
hacen y los padres ratifican esa actitud, no sólo estarán desautorizando a la
institución escolar, que es parte de la crianza de los hijos, sino que estarán
fomentando malos comportamientos en los hijos en imitación a los padres.
Claramente hay actitudes que son aceptables dentro del marco de la
adolescencia, pero también hay modos de actuar que son intolerables como la
descortesía, la carencia de respeto hacia el prójimo (se trate de un adulto o
un par), el uso de lenguaje grosero, la ausencia del concepto de autoridad y
los malos modales. Cada día se repiten más casos en todas las escuelas de
actitudes irrespetuosas hacia los profesores y cada vez de mayor gravedad. Los
padres no deben refugiarse en excusas y pensar que los hijos no aprendieron
bien sus enseñanzas. Es importante asumir la responsabilidad y actuar en
consecuencia para prevenir males mayores. Parte de ese proceso es observarse a
sí mismos cómo se comportan con respecto a otros adultos, sus jefes, sus
propios padres o hermanos. Mantener ciertas reglas y límites en el hogar
facilita la tarea de criar a los hijos y evitar pasar por malos momentos. Los
hijos deben tener claro siempre cuales son las consecuencias de sus actos, de
este modo actuarán a conciencia a medida que vayan creciendo y les servirá para
el resto de su vida. Los padres deben proceder siempre con seguridad y saber
que nunca es tarde para corregir los errores cometidos; cuando los límites no
fueron puestos de pequeños no significa que no pueda hacerse más tarde. La
educación de los hijos es una tarea muy difícil y de mucha responsabilidad.
Para ello es aconsejable informarse y recurrir a profesionales en caso de que
los padres sientan dicha necesidad.
La Lic. Mariana Leber dice: la mala educación no se remite
únicamente a las características de la crianza de los padres hacia sus hijos o
a la calidad educativa que recibe o recibió una persona, sino que también
involucra la conducta y el comportamiento de una sociedad, al uso e influencia
de los medios masivos de comunicación, a las formas en que nos relacionamos,
etc. Uno de los principales problemas es la falta de definición de determinados
parámetros básicos para la convivencia y su consenso y las alteraciones en las
comunicaciones. Estos aspectos pueden referirse a hábitos (por ejemplo, de
higiene y alimentación) como también a valores como la tolerancia, el respeto,
la solidaridad. En todo esto juegan un rol fundamental los modelos que en la
niñez son los padres y educadores y en la adultez los modelos televisivos e
influencia de las tecnologías. La Licenciada Mariana B. Leber es Psicopedagoga, egresada de la Universidad
del Salvador. Se desempeñó como Psicopedagoga y actualmente es Directora de
primaria del colegio Saint Trinnean´s. Realiza clínica psicopedagógica con
orientación a padres y escuelas en su consultorio particular y para CESUN,
Mutual para la Prevención y atención Comunitaria. La Licenciada y Profesora
Martha Susana Beck.
Lo importante es reflexionar sobre qué es lo que se cree
hay que modificar, plantearse pequeñas metas y sostenerlas en el tiempo. La
coherencia entre el decir y el hacer es fundamental, evitando discursos vacios.
Saber que no es necesario sermonear a los niños con largos discursos, ellos
muchas veces saben qué está bien y qué está mal y ponen a prueba
permanentemente a los adultos, entonces éstos tienen que saber lo que esperan
de sus hijos y actuar en consecuencia. Ser padres dialogantes, afectuosos,
capaces de escuchar y ver lo positivo,
decididos en los límites, sin la necesidad de ser lo demasiado permisivos ni
autoritarios. Padres que ejerzan el respeto mutuo entre los miembros de la
familia, capaz de fomentar de manera progresiva la autonomía personal de los
niños.
Candela
Agustina Ramírez Sotelo

Establecer los límites de manera coherente ayuda a que los niños se sientan tranquilos y seguros. Ellos deben saber desde alrededor de los dos años más o menos quién está al control. De esa manera los padres son quienes van definiendo las conductas que han de ser aceptas, y las que no.
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